Desafios del sigo XXI

“Y por la mañana: “Hoy habrá tempestad, porque el cielo está rojizo y amenazador.” ¿Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no podéis discernir las señales de los tiempos?” Mateo 16:3 LBA

Los desafíos traen de la mano a las oportunidades. Dios nos introduce en un “tiempo de desafío” para ver si en ellos logramos reconocer un “tiempo de oportunidad”. Muchas veces rechazamos las oportunidades porque se presentan vestidas de servicio. (Trabajo, esfuerzo, sacrificio, perseverancia). Permítanme ahora, solo por unos minutos “desenfocarlos” de sus desafíos personales o familiares y presentarles un pantallazo amplio, rápido y sintético de los que, a mi entender, son algunos de los desafíos que la Iglesia de Jesucristo tiene HOY en su contexto, pero seguramente se van a profundizar en el siglo XXI. Jesucristo nos dice que debemos saber reconocer las “señales de los tiempos” (Mateo 16:1-4). ¿Cuáles son esas señales? Podríamos hacer investigaciones exhaustivas sobre la realidad contemporánea (económica, social, cultural, etc.) sin descubrir señales, signos, huellas, ni marcas. Si un sociólogo hubiera hecho una investigación completa sobre la sociedad del año 30 de nuestra era, probablemente no hubiera identificado visto que Jesús era la señal principal de aquellos tiempos. ¿Qué señales/desafíos encontramos, en la última década de este segundo milenio? Los cambios en los procesos humanos casi nunca son repentinos. Generalmente los percibimos después del hecho. Las transiciones de décadas, siglos y milenios tienen la función de obligarnos a reflexionar sobre el pasado para poder discernir mejor el futuro.

SEÑALES DE LOS TIEMPOS: Las señales son muchas, así que escogemos algunos que nos parecen muy relevantes.

La globalización: La globalización es tecnológica, económica y religiosa y sus principales instrumentos son los medios masivos de comunicación. La brecha entre ricos y pobres ha aumentado, con la gradual desaparición de la clase media. Hoy el pueblo es inducido a acomodar sus vidas a las demandas del mercado y somos dominados por la filosofía del consumismo y crea necesidades artificiales y una profunda frustración en los que no pueden seguirla. También crecen los nuevos movimientos religiosos, usando los medios de comunicación global para formar redes y propagar creencias. Toda esta compleja realidad le presenta un desafío singular a la Iglesia.

La tarea política: Tradicionalmente, los cristianos evangélicos en América Latina, nos hemos considerado “apolíticos”. Hemos pensado que “la política es sucia” y nos hemos refugiado en un cristianismo individualista. Sin embargo, en los últimos años se ha visto una creciente participación política del pueblo evangélico en varios países latinoamericanos, siendo elegidos para ocupar altos cargos públicos, que hasta hace poco no hubieran podido ocupar debido a su posición religiosa. Este nuevo panorama nos coloca frente a preguntas que nunca antes nos habíamos planteado en términos concretos. ¿Es factible una política evangélica? ¿Qué modelo de sociedad es deseable, desde nuestra perspectiva cristiana? Somos llamados a cristianizar la política, pero jamás a politizar la fe. Somos llamados aun a morir por lo que amamos, pero jamás a matar por lo que creemos. Cuando la fe cristiana se separa de la política, la iglesia se convierte en una comunidad aislada y cerrada en sí misma y pierde su relevancia histórica. Cuando la fe cristiana se politiza, la Iglesia se convierte en una mera institución secular y pierde su fidelidad al Evangelio. La voluntad de Dios es que estemos en el mundo que es un complejo sistema cultural anti-Dios sin ser o pertenecerle a del mundo.

La acción social: ¿Acaso no es posible esperar un cambio social a menos que la gente se convierta? Las leyes pueden asegurar mejoras sociales, aun cuando no convierte a la gente ni las transforma en personas de bien. Incluso las personas que todavía no han reconocido a Jesús como Señor, retienen vestigios de su imagen divina como para preferir la justicia antes que la injusticia, la libertad antes que la opresión, y la paz antes que la violencia.

El dinero y la prosperidad material: ¿Qué posición vamos a sostener frente a esta marcada y creciente tendencia de una sociedad materialista y consumista? «No podemos servir a Dios y a las riquezas». ¿Y qué de esa “teología de prosperidad absoluta”? Aquella que relaciona a la prosperidad exclusivamente con dinero y riquezas, además de colocarla como un objetivo y no como un resultado. Jesús fue el hombre más próspero que pisó la tierra, pero jamás acumuló riquezas.

Los avances tecnológicos: De todos los factores que afectan la vida humana en la sociedad moderna, probablemente ninguna alcanza tanta preeminencia como la técnica. Si bien la técnica es tan antigua como el ser humano, lo que pasa es que nunca antes en la historia, la humanidad había dependido tan absolutamente de ella para tantas cosas. en nuestro tiempo se destacan la informática y las comunicaciones. ¿Estamos preparados para utilizar las herramientas de punta, dándole sentido de servicio al reino de Dios?

La “Nueva Era”: Los mayores desafíos que la fe cristiana ha encarado a lo largo de su historia han sido desafíos provenientes de movimientos en que, en un alto grado, la verdad se mezcla con la mentira. Estas tendencias nos exigen a ser más estudiosos y a crecer en el discernimiento espiritual, de manera que podamos desechar lo malo y aceptar lo bueno, sin caer en generalidades superficiales, ni respuestas facilistas.

La defensa de los derechos humanos: Como cristianos no podemos mirar con indiferencia los terribles atropellos que se cometen a diario contra personas, sea cual fuere la motivación o el propósito. ¿tenemos claro que todo ser humano, es portador de la imagen de dios, y por lo tanto posee un valor y una dignidad? ¿Qué futuro pueden construir nuestros pueblos, con miles de sus niños criados en la miseria? ¿Qué sentido tienen la modernización y el crecimiento económico que favorece a unos pocos y siembran la desesperanza para las grandes mayorías? Para un auténtico discípulo de Cristo, cada necesidad humana es una oportunidad de servicio. La Iglesia, necesita escuchar la voz del Señor diciendo: «Denles ustedes de comer» Cada uno de los desafíos que se nos presenten, sólo pueden encararse adecuadamente si se los encara sirviendo en equipo. Debemos preguntarnos: ¿Estamos dispuestos a discernir los tiempos, identificar los desafíos y las oportunidades, y tomar las decisiones responsables que nos correspondan? ¿Lo haremos? ¿Seremos realmente capaces? ¿Tendremos las agallas suficientes? ¿Nos atreveremos a confiar en el respaldo divino? Las decisiones que tomemos HOY marcarán una influencia poderosas para las generaciones venideras.