Edificaré mi iglesia

Este propósito notablemente declarado por el Señor Jesucristo nos muestra que la iglesia es una institución divina del más eminente significado. El Señor se propuso reemplazar a la nación de Israel, la cual representaba a Dios en la tierra, con una comunidad completamente nueva. Los israelitas debían ser “luz de las naciones” para que la salvación de Dios pudiera llegar hasta lo último de la tierra (Isaías 42:6), pero como pueblo elegido fueron infieles a Dios en esta sagrada misión. Su ciudad santa, su sacerdocio, su Templo y sacrificios fueron destruidos, como sus profetas lo habían advertido.
Se levantó un nuevo cuerpo, que no hacía diferencia entre judíos y gentiles (Colosenses 3:11, Efesios 2:11–18). Los profetas hebreos anunciaron un ministerio extenso entre las naciones, así como también profetizaron la separación de Israel por su incredulidad e infidelidad espiritual. La realidad de la iglesia, como pueblo de Dios, fue un misterio en los primeros tiempos hasta que se dio a conocer en el Nuevo Testamento (Efesios 3:4, 5). En el transcurso del período de los cuatro Evangelios y el primer capítulo de Hechos, aún no existía la iglesia como tal, ésta todavía era algo del futuro. Fue por primera vez formada en la fiesta judía de Pentecostés (Hechos 2) con el primer acto de incorporar a los creyentes al cuerpo de Cristo llamado entonces el bautismo del Espíritu (Hechos 1:5; 1 Corintios 12:12, 13).
La Iglesia no es una continuación de Israel, sino por el contrario su sucesor.
La Iglesia hoy funciona para Dios durante el intervalo de rechazo del pueblo de Israel (Romanos 11:1, 2). En los postreros días, un remanente fiel de Israel será restaurado para Dios por medio de Jesucristo, a quien la nación hoy rechaza (Romanos 11:25, 26; Zacarías 12:10, 13:1). Ahora, Dios llama a la humanidad por medio del testimonio de su iglesia. El añade cada día a la iglesia los que han de ser salvos (Hechos 2:47). Dios estableció la iglesia con un propósito, los creyentes no son salvos sólo para vivir una relación solitaria o individualista con Dios como algunos son tentados a pensar. Ellos son llamados a unirse a comunidades espirituales como miembros activos de la familia de Dios. El dice que no deben dejar de congregarse (Hebreos 10:25). La iglesia como cuerpo divinamente ordenado es digna de respeto, apoyo y participación activa por todo el pueblo de Dios. Ningún israelita consagrado habría ignorado sus responsabilidades en la vida espiritual de su comunidad. Igualmente, ningún cristiano consagrado debe ser indiferente a la iglesia, puesto que se trata de su familia espiritual.