La ansiedad de cara al mañana

Jesús concluye sus enseñanzas sobre el tema de la ansiedad con una sentencia que enfocan una nueva dimensión del problema: el hecho de que solemos afligirnos mucho por situaciones futuras que no podemos resolver en el momento presente. Mateo 6:34

La ansiedad por los problemas inmediatos indica una falta de fe, como Cristo acaba de sugerir ; pero sentir ansiedad por problemas aún lejanos es una necedad. Perdemos sueño y malgastamos energía preocupándonos por eventualidades que todavía no se han hecho realidad y que quizás no se materialicen nunca.

Jesús ya nos ha dado sobradas razones por las que debemos desterrar la ansiedad: PORQUE LA ANSIEDAD NO SIRVE PARA NADA (v. 27); porque la ansiedad es propia de paganos que no conocen a Dios, no de hijos del Creador (v. 32); y, sobre todo, porque tenemos un Padre celestial que vela por nuestros intereses (vs. 26, 28–30), conoce nuestras necesidades (v. 32) y se compromete a suplirlas (v. 33). Ahora, pues, se limita a repetir el mandato —no os preocupéis—, pero enfocándolo de cara al futuro: por el día de mañana.

Las dos sentencias en cuestión tienen cierto sabor a adagios populares. La primera de ellas enfatiza la dimensión futura: No os preocupéis por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. El carácter popular se nota aquí en la última frase. Jesús acaba de insistir en la providencia de Dios, por lo cual habríamos esperado que dijera: porque Dios se cuidará del día de mañana. Éste es, sin duda, el sentido esencial de la frase, pero en vez de expresarla así, el Señor, mediante un toque gracioso o irónico, concede al mañana una personalidad propia. ¡Dejemos que el mañana sea quien se ocupe del mañana!

Hagamos dormir, pues, nuestra ansiedad de cara al futuro. Tiempo habrá para afrontar sus dificultades cuando lleguen. Concentremos nuestra atención más bien en lo que tenemos a mano. No permitamos que las preocupaciones futuras —que quizás se resuelvan por sí mismas (se cuidarán de sí mismos) y que, en todo caso, no pueden ser resueltas ahora por mucho que nos afanemos— nos quiten el sueño, nos resten energías e impidan que atendamos con eficacia a las obligaciones de hoy. Nuevamente, hemos de insistir en que Jesús no está condenando una sensata y comedida provisión para el futuro, sino aquel espíritu de ansiedad angustiosa que delata una falta de confianza en Dios. La solución no consiste en descuidar nuestras obligaciones de cara al futuro —no debemos utilizar esta frase para justificar una despreocupación irresponsable—, sino en confiar plenamente en Dios. Por todo lo que Jesús acaba de decir en los versículos anteriores, sobrentendemos que es Dios quien se ocupa de los problemas del día de mañana y que nuestro deber como discípulos es el de dedicar nuestras energías a las prioridades del reino y descansar confiados en el Señor y su provisión.