Mujeres Anónimas

55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? 56 ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas? 

Mateo 13:55-56

Aunque es fascinante conocer a la mayoría de las mujeres de la Biblia a las que se mencionan por nombre, a menudo algunos escritores de biografías femeninas convierten a las mujeres en anónimas, aunque muchas ocupan un lugar prominente en la historia sagrada.

Una pregunta un tanto desconcertante es: ¿Por qué no se menciona el nombre de esas mujeres relacionadas con hombres muy conocidos y acontecimientos tan sobresalientes? ¿Cuál es la razón para su anonimato?

Tenemos los nombres de los hijos de Noé, pero no los de su esposa ni los de las nueras. Tenemos un cuadro completo del «justo Lot», pero prevalece el silencio en cuanto a los nombres de la esposa y las dos hijas. Las tres hijas de Job se mencionan por nombre, pero no tenemos la más mínima idea de la identidad de la esposa ni la de sus hijos. Las Escrituras nos dan el nombre de los hermanos naturales de Jesús, pero no de las hermanas.

Los nombres de las dos hermanas de Betania, a quienes Jesús amaba, eran bien conocidos, pero reina el silencio en cuanto al nombre de sus propias hermanas.

Pedro «el gran pescador», ocupa un gran puesto en la galería de retratos del N T, pero todo lo que se dice de la querida pareja es que era su esposa. ¿Se ha preguntado alguna vez cuál sería su nombre y cuál el de su madre? Debido al estrecho compañerismo que existía entre Cristo y los Doce, tanto el Maestro como el gran círculo de los discípulos debían conocer a las esposas de estos últimos, si es que todos estaban casados, sin embargo, la Biblia calla en cuanto a su existencia y a los nombres que tenían. ¿Por qué Pablo no nos da el nombre de su hermana de sangre?

No existe una respuesta satisfactoria para el silencio de las Escrituras con respecto a la identidad de las mujeres anónimas.

Alguien destacó que: «Las mujeres más felices, al igual que las naciones más felices, no tienen historia». Pero muchas de las mujeres desconocidas de la Biblia, felices e infelices, dejaron un profundo impacto en la historia. Ellas jugaron un papel en los acontecimientos, pero sus firmas no están junto al servicio que prestaron. La omisión de los nombres de las mujeres cuyos hechos se publican no fue por descuido de los escritores de la Biblia. Lo que muchas de ellas hicieron es historia, pero una historia sin portada. ¿Acaso sería que ellas deseaban mantener su identidad en silencio? La realidad es que muchos de esos personajes femeninos anónimos estaban lejos de ser justos, como la mujer samaritana. Tal vez los historiadores consideraron que eran indignas de mencionarse por su nombre.

En otros casos, quizás los miembros masculinos de una familia se mencionan por lo que llegaron a ser o alcanzar, mientras que a los miembros femeninos no se les nombra porque no realizaron nada meritorio del uso de sus nombres. Los hermanos y hermanas de Jesús no creían en su misión divina, pero como resultado de la cruz los hermanos lo reconocieron como al Mesías y dos de ellos se cuentan entre los apóstoles (Gálatas 1:19; Judas 1). No se dice nada de que las hermanas se rindieran ante sus afirmaciones.

En la Biblia, el volumen intensamente biográfico de la humanidad, tenemos vívidas reseñas de un considerable número de mujeres santas a quienes «solo se les recuerda por lo que hicieron». Sus hechos son imperecederos y los caracteres brillan en las páginas sagradas, pero solo el ángel que las registró sabe quiénes fueron. Aunque por alguna razón inescrutable se nos ha privado de los nombres de tantas nobles mujeres.

Plutarco, el biógrafo griego de la antigüedad, dijo en una ocasión que él «no escribiría las vidas de los hombres malos», pero el divino Autor de la Biblia consideró adecuado delinear, no solo a los hombres y mujeres buenas, sino también a los malos. Si queremos saber lo que es en verdad la naturaleza humana en los impíos o en los piadosos, todo lo que tenemos que hacer es estudiar las biografías alrededor de las cuales gira la Biblia.

Necesario exponer a todas las mujeres anónimas para que aprendamos de las lecciones de los errores de los malos, así como de las virtudes de los justos. Cualquiera que sea el nombre que hayan tenido en el cielo las piadosas mujeres no identificadas de la Biblia, ellas permanecen «anónimas aquí por siempre jamás».