Sacrificio de Alabanza

Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.

Hebreos 13:15

¿Por qué se emplea la palabra «sacrificio» en el contexto de la alabanza? ¿Nos resulta un «sacrificio» alabar al Señor? A veces sí. Desde luego hay momentos en que la alabanza nos sale de una manera tan espontánea que no somos conscientes de ningún esfuerzo. Es algo con lo que disfrutamos. Pero observamos que el texto dice: «Ofrezcamos siempre». Y es que hay otros momentos en que la alabanza no es fácil. Cuando estamos tristes, abrumados, dolidos, perseguidos, o enfermos, la alabanza representa una renuncia y negación de nosotros mismos, y entra ya en una dimensión de sacrificio. Otra razón por la que el autor utiliza la palabra «sacrificio» es porque la alabanza ha de ser expresada en medio de nuestra salida y vituperio.

El v. 15 empieza: «así que», remitiéndonos al versículo anterior. Es fuera del campamento, llevando el vituperio de Cristo, que hemos de ofrecer nuestra alabanza. A pesar del rechazo y de la ruptura, debe haber gratitud en nuestros labios.

También lo dice porque en sí misma la alabanza constituye una renuncia de nuestra visión egocéntrica de la vida. Alabamos cuando ponemos a Dios en su lugar debido, en el centro de nuestra visión. En nuestro mundo de prisas y tensiones, nos cuesta encontrar momentos para estar a solas con Dios para expresarle nuestra gratitud. Pero debemos hacerlo, aunque tengamos que «sacrificarnos» para hacerlo. Sin embargo, es probable que el autor emplee la frase «sacrificio de alabanza» por otra razón, más sencilla: Porque se trata de una frase hallada en el Antiguo Testamento: Por ejemplo, el Salmo 50 reconoce que la alabanza es lo que Dios desea, en contraste con los sacrificios de animales realizados rutinariamente. Nunca fue la intención de Dios que los judíos fuesen a repetir los sacrificios meramente por rutina. Debían ser la expresión de su alabanza y adoración, de algo vital en el corazón. Pero muchas veces no era así. Y en esas condiciones Dios no quería los sacrificios. Se cansaba de ellos. Los sacrificios nunca tendrían que ser entendidos como un favor que le hacemos a Dios, como si le pudiésemos satisfacer en algo que le faltara. En contraste con los sacrificios repetidos de una manera mecánica, lo que Dios pide a su pueblo es que ofrezcan sus sacrificios con espíritu de alabanza. También debemos entender esta frase en contraste con el judaísmo. Los judíos ofrecían su alabanza por medio del sacrificio de animales.

Pero el autor acaba de establecer la inutilidad de aquel sistema, ya que se ha ofrecido el sacrificio de Jesucristo. Ahora sólo es por medio de Él que podemos ofrecer nuestra alabanza. Desde luego, creemos que la verdadera fe no se manifiesta en la riqueza de sus ceremonias externas; pero también que es riquísima en su vida interior. Si repudiamos lo externo, es por haber encontrado algo mejor. ¡Que se vea, pues! El mundo necesita ver la autenticidad de nuestra fe, de nuestra confianza y esperanza, de nuestro amor a Dios y al prójimo, de nuestra sinceridad y entusiasmo en la alabanza. Necesita descubrir los valores reales de una religión interna, al ver que somos adoradores en espíritu y en verdad.