Un miembro saludable

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, JUAN 10:2 “¿QUÉ SE SUPONE QUE DEBO HACER COMO MIEMBRO DE ESTA IGLESIA LOCAL?” “¿QUÉ SIGNIFICA SER UN MIEMBRO SALUDABLE A LA LUZ DE LA ESCRITURA?” ¿CÓMO PUEDES TÚ, SIENDO UN MIEMBRO DE LA IGLESIA LOCAL, CONTRIBUIR POSITIVAMENTE A LA SALUD DE LA IGLESIA? Esas preguntas le pertenecen a todo cristiano. La salud de la iglesia local depende de que tan dispuestos están sus miembros a inspeccionar sus corazones, corregir sus pensamientos, y llevar sus manos a la obra del ministerio.

Existe un rol importante para cada miembro de una iglesia local. Así como la agenda de los sermones del pastor debe ser determinada por el significado de la Escritura, de igual forma la agenda de lo que escuchan los miembros debe ser determinada por el significado de la Escritura. Cuando escuchamos la predicación de la Palabra, no debemos enfocarnos primeramente en los “consejos prácticos de cómo hacer esto o aquello”, aunque la Escritura nos enseña mucho sobre asuntos cotidianos. Tampoco debemos prestar atención a mensajes que exaltan nuestra autoestima o que nos incitan a actividades políticas y sociales. Por el contrario, como miembros de iglesias cristianas debemos de escuchar primeramente a la voz y el mensaje de Dios revelados en su palabra. Debemos enfocarnos en escuchar lo que Él ha escrito, en su amor omnisciente, para su gloria y nuestra bendición.

Así que, ¿a qué me refiero exactamente con “escuchar expositivamente”? Escuchar expositivamente significa prestar atención al mensaje central de un pasaje de la Escritura y aceptar ese mensaje como la idea principal que debe ser abrazada y aplicada a nuestra vida personal y corporal como cristianos. Escuchar expositivamente nos ayuda a enfocarnos en la voluntad de Dios y a seguirle. Nuestra agenda pasa a segundo término. La agenda del predicador pasa a segundo término. La agenda de Dios para su pueblo se vuelve central, ordena nuestras prioridades, y nos dirige en el camino que más le honra. El Señor mismo proclamó, “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Juan 10:27). Prestar atención a las palabras de Jesús es esencial para seguirle.

La Escritura nos dice que vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas”. (2 Ti. 4:3–4). Fallar en escuchar expositivamente tiene efectos desastrosos. Falsos maestros entran a la iglesia y difuminan el evangelio. Sobre todas las cosas, la verdad es desplazada por fábulas y mitos. Cuando los miembros cultivan el hábito de escuchar expositivamente, se guardan a sí mismos de “tener comezón de oír” y protegen el evangelio de ser corrompido.

El cuarto beneficio es que escuchar expositivamente anima a los pastores a ser fieles. Aquellos hombres que sirven fielmente en el ministerio de la Palabra son dignos de doble honor (1 Ti. 5:17). Pocas cosas son más desalentadoras o deshonrosas para estos hombres que tener una congregación desatenta a la Palabra de Dios. Los hombres fieles florecen con la recepción fértil de la Palabra expuesta. Los pastores son edificados cuando las personas prestan atención a la voz del Señor y dan evidencia de ser formados por ella. Como miembros de la iglesia, debemos de preocuparnos por nuestros pastores y maestros, y ayudar a prevenir cualquier fatiga y desaliento innecesario cultivando el habito de escuchar expositivamente. Repetidamente, los escritores del Nuevo Testamento exhortan a la iglesia local a tener unidad –a tener una sola mente. Pablo le escribe a una iglesia local, “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Co. 1:10;  Ro. 12:16, 2 Co. 13:11, 1 Pe. 3:8). Al estar juntos en nuestra iglesia local y al prestar atención a la voz de Dios mediante la predicación de su Palabra, somos formados en un solo cuerpo. Somos unidos en entendimiento y propósito. Y esa unidad testifica a favor de la verdad del evangelio de Jesucristo (Juan 17:21). Pero si escuchamos con nuestros propios intereses y nuestras propias agendas, si desarrollamos “interpretaciones privadas” e ideas idiosincrásicas, nos arriesgamos a desmoronar esa unidad, provocando disputas sobre asuntos dudosos, y debilitando nuestro testimonio corporal del evangelio.