Cristianos los más perdonados

Los cristianos somos las personas más perdonadas del mundo. Por lo tanto, debemos ser las personas más perdonadoras del mundo. Sin embargo, como sabemos la mayoría de nosotros por experiencia, a menudo cuesta perdonar a otros genuina y completamente. Frecuentemente nos encontramos practicando una clase de perdón que no es ni bíblica ni sanadora.

¿Qué ocurriría si Dios lo perdonara de la forma exacta en que usted perdona a otros actualmente? Como cristianos, no podemos pasar por alto la relación directa entre el perdón de Dios y nuestro perdón: “Sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo” (Efesios 4:32).

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“Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes” (Colosenses 3:13b).

Dios nos ha dado una norma increíblemente alta a seguir cuando tenemos la oportunidad de perdonar a alguien. Afortunadamente, también nos da la gracia y la guía que necesitamos para imitarlo al perdonar a otros como Él nos ha perdonado. Es imposible realmente perdonar a otros con sus propias fuerzas, especialmente cuando lo han lastimado profundamente o han traicionado su confianza. Usted puede intentar no pensar en lo que han hecho o meter sus sentimientos bien adentro y mostrar una sonrisa falsa cuando los ve. Pero, a menos que su corazón haya sido limpiado y cambiado por Dios, los recuerdos y los sentimientos seguirán acechando en las sombras, envenenando sus pensamientos y palabras, e impidiendo la reconstrucción de la confianza y la relación.

Hay una sola forma de vencer estas barreras, y es la de reconocer que usted no puede perdonar con sus propias fuerzas y que necesita desesperadamente que Dios intervenga y cambie su corazón. Para entender lo que es el perdón, primero debemos ver lo que no es. El perdón no es un sentimiento. Es un acto de la voluntad. El perdón involucra una serie de decisiones, la primera de las cuales es recurrir a Dios para que cambie nuestro corazón. Al darnos gracia, debemos entonces decidir (con nuestra voluntad) no pensar o hablar acerca de lo que alguien ha hecho para lastimarnos.

Dios nos llama a tomar estas decisiones independientemente de nuestros sentimientos. Pero, como verá, estas decisiones pueden producir cambios asombrosos en nuestros sentimientos.

Segundo, el perdón no es olvidar. Olvidar es un proceso pasivo en el cual un asunto se desvanece de la memoria meramente con el paso del tiempo. Perdonar es un proceso activo; involucra una elección consciente y un curso de acción deliberado. Puesto de otra forma, cuando Dios dice: “Yo soy el que por amor a mí mismo borra tus transgresiones y no se acuerda más de tus pecados” (Isaías 43:25), no está diciendo que no puede recordar nuestros pecados. Más bien, está prometiendo que no los recordará. Cuando Él nos perdona, elige no mencionar, enumerar o pensar en nuestros pecados jamás. De igual forma, cuando nosotros perdonamos, debemos tomar de la gracia de Dios y decidir conscientemente no pensar o hablar acerca de lo que otros han hecho para lastimarnos. Esto podrá requerir mucho esfuerzo, especialmente cuando la ofensa aún está fresca en la mente. Afortunadamente, cuando decidimos perdonar a alguien y dejar de pensar en una ofensa, los recuerdos dolorosos comienzan a desvanecerse.

Finalmente, el perdón no es excusar. Cuando uno excusa dice: “Está bien”, y da a entender: “Lo que hiciste no estuvo mal realmente” o “No pudiste evitarlo”. Perdonar es lo contrario de excusar. El hecho mismo de que el perdón sea necesario y se conceda indica que lo que alguien hizo estuvo mal y es inexcusable. El perdón dice: “Ambos sabemos que lo que hiciste estuvo mal y no tiene excusas. Pero, como Dios me ha perdonado, yo te perdono a ti”. Como el perdón encara el pecado realmente, ofrece una libertad superior a cualquier número de excusas.

Las promesas de perdón puede ser difíciles de hacer y aun más difíciles de guardar. Afortunadamente, Dios promete ayudarnos a perdonar a los demás. Nos da esta ayuda a través de la Biblia, que brinda orientación práctica y muchos ejemplos de perdón personal. También nos fortalece a través del Espíritu Santo, quien nos da el poder y la voluntad para perdonar a otros. Finalmente, para aquellas ocasiones en que necesitamos ayuda adicional, nos da consejo y aliento a través de pastores y otros creyentes. Al tomar de estos recursos, hay varios pasos que usted puede dar para superar la falta de perdón.

Last modified on Miércoles, 04 Julio 2018 18:41
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